Por qué me operé los ojos

Muchas veces me han preguntado por qué hablo inglés tan bien. La respuesta que más me viene a la mente es que durante toda mi infancia veía la TV y el cine en inglés, y no alcanzaba a leer los subtítulos, pero nunca me di cuenta. Me diagnosticaron con miopía y astigmatismo como a los 14 años, cuando un profesor se dio cuenta que tenía que entrecerrar los ojos para alcanzar a ver el pizarrón.

(Aparentemente, mis papás estaban ocupados en otras cosas como para no darse cuenta).

Desde entonces usé anteojos en la escuela y para ir al cine y ver la TV, pero de por sí ya era el nerd que sacaba 10 en matemáticas – ¡no iba a ir con lentes también por la vida! Me acostumbré a ver todo con un filtro de Photoshop.

Cuando empecé a manejar, intenté usar lentes de contacto, pero al mismo tiempo empecé a agarrarle cariño a la copita, entonces ya medio alterado y con los ojos deshidratados, los lentes me daban mucha comezón, y me los acababa quitando y tirando al piso. Aquí hubieron varios brotes de conjuntivitis muy sensuales.

Abandoné eso, entonces por 10 años usé lentes para ver de lejos, generalmente solo en la escuela o en el cine y en la noche para ver la tele. Me acostumbré a que esa fuera mi vida normal, aunque de vez en cuando me arrepentía de que se me olvidaran (en el concierto de Beyoncé; en el súper, para hacer las compras más rápido; en el antro cuando quieres inspeccionar a lo lejos con quién viene tu ex). Pero en general, estaba cómodo, porque la gente no cuenta tan abiertamente que se hizo una cirugía para corregir la mirada.

Cuando fui, casi por casualidad, a Omnilaser a una cita de valuación, no sabía que a las tres semanas tendría cita para operarme. Llegué con mi hermano, muy relajado a la hora indicada.

(Me dijo el doctor que generalmente los pacientes estaban más nerviosos, entonces recordé que una noche anterior, por circunstancias no relacionadas, me tomé un Tafil. Todo pasa por algo).

Me anestesiaron, y la operación comenzó. Entre que me anestesiaron, y salí, pasaron probablemente 15 minutos. No sentí nada, aunque sí es un poco raro ver una brocha en tu ojo y no sentirla, ver un círculo (como sacacorchos) y oír que hace un corte pero no sentir nada… como viendo todo pasar a través de un cristal. A los 10 minutos salía de ahí caminando, con unos goggles horribles, y con ganas de dormir. A las tres horas pedí comida mientras veía la tele. Esa noche contesté emails. Mientras dormía se me cayeron los goggles y no me los volví a poner, más que para bañarme.

A la semana, lo único que sentía era resequedad (como si hubiera tomado mucho la noche anterior) (¿o quizás sí tomé?). Iba al gimnasio. Me bañaba normal.

Hoy, al mes, mi vida es igual que antes, pero ya no necesito ponerme lentes para ver la tele en las noches. Mucha gente en Instagram me dijo que “fue la mejor decisión de su vida,” pero me imagino que para ellos ponerse y quitarse los lentes de contacto, o no poder hacer su vida sin usar anteojos era muy molesto. Yo no sentí tanto un cambio, porque estaba acostumbrado a ver todo borroso. El primer día sí fue extraño ver todo tan nítido, pero hoy ya me acostumbré también a esta nueva realidad. Y lo volvería a hacer porque ahora que veo bien, no me puedo imaginar la vida sin esta visión.

 

Omnilaser está en Pestalozzi 858, Narvarte, CDMX. Tel 5543 3775. Omnilaser.com.mx

Juan Pablo Jim

Fashion enthusiast and heavy drinker. Creative director at estoespurpura.com

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