La importancia de llamarse blogger

Es el mundo del blogger en el mundo de la moda. Es el mundo del blogger en esta página y es el mundo del blogger en el mundo de los detractores. En esta redacción es un tema constante y Juanpa Zurita está harto del término influencer. ¿Pero qué hay en ello que polariza tanto al público? Aquí una pequeña disertación.

 

No hay nada que haya cambiado tanto y tan rápido al mundo como el internet (ok, quizá la imprenta, pero su impacto fue muchísimo más dosificado y gradual) y, siendo la moda un componente pivotal de la cultura, vio su ascenso y proyección al nuevo milenio con nuevos ojos digitales. El internet cambió por completo en la moda la manera de vender y comprar ropa, de llegar publicitariamente a las masas y —quizá más importante, la manera de comunicarla.

Con el desarrollo del internet proliferaron plataformas para comunicar eventos relevantes o convergentes a la industria. La proliferación de blogs a principios de los 2000’s permitió a mucha gente tener un lugar en el cuál expresar opiniones —expertas o no, que significaban el interés popular que siempre ha tenido la moda. En las grandes esferas, Vogue hizo del mítico periodista Tim Blanks una estrella de la web con sus reviews en la difunta Style.com, también llevando a YouTube sus maravillosos reportes en video, abriendo las puertas de la moda que la televisión por cable no permitía a la mayoría del público. Eventualmente estrellas comenzaron a nacer y, con ello, una nueva especie de polémica inherente a todo medio. Una de las primeras grandes que recuerdo es en 2010 cuando, inimaginablemente, Tavi Gevinson —la famosa bloggera pubescente, consiguió un asiento de primera fila para el desfile de Alta Costura de primavera de ese año de Christian Dior por John Galliano. Lo segundo más polémico era que su tocado obstruía la vista de ciertos editores de moda. Lo más polémico era cómo una niña con un blog, viviendo en medio de la nada en Estados Unidos había conseguido tal asiento en tal desfile de tal casa. La pastilla era difícil de digerir, pero fácil de comprender desde entonces: Tavi representaba un nuevo tipo de reportaje para un nuevo público. Un enorme e incipiente público.

Más de seis años después, al final de los desfiles de las colecciones milanesas de primavera 2017, los editores de Vogue.com, en su clásico reportaje colectivo de los desfiles, denunciaron la ya establecida presencia de bloggers en la semana de la moda de las capitales mundiales. Sally Singer dijo que estaban convirtiendo la industria en algo esquizofrénico y remató con una “nota para los bloggers que se cambian cada hora de pies a cabeza en outfits que les pagan por usar: por favor deténganse. Encuentren otro negocio. Son el heraldo de la muerte del estilo”.

Andrea Codinha, la editora de noticias de la página se une diciendo “no hay mucho que pueda agregar aquí más que cuán divertido es llamarles bloggers cuando ya muy pocos de ellos hacen eso ahora. Más que una celebración de algún estilo actual, parece ser que sólo se trata de llegar, verte ridículo, posar, acomodarte en tu asiento mientras checas tus redes sociales, salir de ahí, cambiarte y repetir… Es vergonzoso, en especial cuando considerad lo que está pasando en el mundo”.

En México no es diferente. Unas semanas antes de la última semana de la moda, estando de visita en una tienda muy cool, la dueña —experta en ir a desfiles y visitar showrooms, me decía que detestaba la idea de ir a un desfile y ver la primera fila llena de bloggers e (limitantemente llamados) influencers porque no entendía su lugar ahí. Es entendible. El problema organizacional de la semana de la moda en México se acomoda perfectamente con la idea globalizada del blogger que llega a estorbar, a posar, a —lo que yo he dicho antes ignorante— quitarle espacio a los que “sí van a trabajar”. Hay muchos de esos, sí, pero en su mayoría no son bloggers, pero más de eso adelante.

Las respuestas más resonantes a los ataques por parte del equipo de redacción de la página web de Vogue fueron las pronunciadas por los bloggeros Sussie Lau y Bryan Boy, en las que defienden su lugar como entes funcionales dentro del sistema por el impacto social que tienen, al igual que la publicación en línea que los denuncia. De alguna manera todos generan ingresos por los clicks. Independientemente de la independencia —o no— de la plataforma. Esta gente es creadora de contenido digital, con empleos de tiempo completo tan demandantes como cualquier otro, muchas de las veces sin un equipo o superiores que respondan a las inherentes crisis que vienen con el trabajo.

En un hangout con Cassandra de la Vega, pronto a estrenarse por esta página, aprendí también lo siguiente: cualquier blogger exitoso lleva seguramente años trabajando dentro de la industria en puestos adyacentes, con experiencia en áreas muy variadas del negocio y con un conocimiento muy insider de la industria. El trabajo dignifica y, parafraseando al capitán de este equipo: si fuera tan fácil de hacer, se alcanzaría la democratización de la que tanto se habla en el internet.

Hay veces que me parece lo más engorroso salir de mi casa y tomar un taxi para ir a entrevistar a alguien que no me interesa del todo. ¿Tener que cruzar el Atlántico para hacerlo dos, tres o cuatro veces al año? Eso debe ser mucho más demandante que acusar sin saber lo que pasa detrás de la pantalla.

Ahora bien, a forma de sátira —y hay que explicar porque ya de todo se ofenden— les dejamos un pequeño tutorial para alcanzar el nivel de bloggerismo profesional que el trabajo requiere.

 

Alejandro Peregrina

Escribo de moda y entrevisto gente. Soy la Liz Lemon de esta redacción.

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