Cómo se hacen los baúles y órdenes especiales de Louis Vuitton

Dependiendo de la hora en la que salgas de París, el trayecto a Asnières-sur-Seine en coche puede ser muy corto o hasta de hora y media. Todo sería más fácil si el río aún se usara como vía de transporte en esta época, como en 1854 cuando el señor Louis Vuitton decidió abrir su propia empresa de baúles y producirlos en Asnières, y transportarlos por el Sena al centro de París donde se encontraban sus clientes. Vuitton llevaba 17 años empacando baúles para la realeza y su experiencia lo hizo convertirse en el maletero más famoso de la época, especialmente al innovar con un baúl de tapa plana e impermeable que permitía que los baúles se apilaran (versus los populares en ese tiempo, que tenían la tapa redondeada para que la lluvia escurriera por los lados).

El día de hoy en la casa donde vivió la familia Vuitton se encuentra el taller de órdenes especiales y la Galería Vuitton (no lo confundan con la Fundación Louis Vuitton; en Asnières no hay arte contemporáneo, a menos que las creaciones de Marc Jacobs y Nicholas Ghèsquiere para Louis Vuitton sean comparables con las de los artistas de la Fundación). La galería se abre al público en ocasiones muy especiales, pero la casa y el taller es privado y está reservado solamente para amigos de la marca. Como yo. Amigos cercanos.

La casa está decorada con baúles de todas las épocas, incluyendo uno con el estampado rayado de finales del siglo XIX que funge como mesa de centro, retratos de la familia en marcos plateados y una pintura del Sr. Vuitton reinterpretado por un artista japonés, la misma que abre la exposición itinerante Volez, Voguez, Voyagez con la historia de LV (y que recientemente tuvo su última parada en Nueva York; este 2018 se presentará en Asia).  Donde las cosas se vuelven más interesantes – y tecnológicas, y artesanales a la vez – es en el taller que está cruzando el patio trasero de la casa, donde la marca produce los baúles, algunas ediciones en cantidades limitadas y alrededor de 400 órdenes especiales.

Para la mayoría de nosotros, cualquier artículo LV es una edición especial, aunque sea un llavero, pero existen clientes con necesidades distintas a las nuestras: cualquier persona que desee transportar algún objeto poco común y hacerle un baúl, o solamente guardarlo ahí para tenerlo de adorno, puede solicitar un proyecto a su tienda local Louis Vuitton. Los requisitos se envían al taller en Asnières, donde se diseña un baúl especial, con las necesidades del cliente, y se aprueba el proyecto en caso de que la producción sea factible. Entre cuatro y seis meses después, el feliz cliente recibirá en su casa su pieza única hecha a la medida (con su respectiva factura que seguramente es igual de memorable). Algunos de los baúles que la guía que me recibió recuerda con más gusto son una cajita para una clienta que no quería tomar champagne en el avión en los vasos de plástico, por lo que necesitaba transportar siempre dos copas muy bien protegidas; un baúl que a la vez funcionara como casino, con ruleta, fichas, cartas y dados para un cliente que abriría un hotel-casino y quería que cada cuarto tuviera la posibilidad de apostar; y un baúl a la medida para los sombreros de charro de un cantante mexicano. Seguramente los clientes son confidenciales, pero no creo que haya muchos cantantes que usen sombreros charros y Vuitton a la vez. Y les digan “El Potrillo”.

Mucho más allá de la excentricidad de algunas de las órdenes, en Asnières se mantiene viva la tradición artesanal paso a paso de los productos rígidos y las ediciones de producción limitada. En una línea de producción que parece como una reunión familiar, los trabajadores miden las charolas de madera, las forran de terciopelo y suede, juntan las partes del baúl con clavos y martillos, ponen la herrería pieza por pieza, pegan decoraciones, revisan la calidad, todo a mano para cantidades muy limitadas. Además, hay expertos que conocen las pieles exóticas y las cortan en una máquina de láser patentada, pero colocándolo a mano, porque las vetas tienen que cuadrar con el diseño, y la piel de cierta parte de los animales es más gruesa que otra (entre más gruesa, se usa para las partes más grandes de las bolsas, por ejemplo, y la más delgada para las asas y bordes). Por lo tanto los clientes podemos saber que cada pieza es única y está hecha con el mayor cuidado y control de calidad, por personas y no por máquinas.

Además del taller, en la galería se puede ver la historia de Vuitton concentrada en dos pisos, desde el canvas original con el que se hacían los baúles y su transición a rayas, a los famosos cuadros Damier, y al monograma, que sorprendentemente fue el último en ser inventado. Es sorprendente ver cómo cada artículo de la casa está pensado para cumplir necesidades muy reales de la época, con especificaciones técnicas muy innovadoras. Y después está la parte menos práctica, pero igual de interesante: una colección de las bolsas y prendas más icónicas de la historia de LV, como las bolsas Murakami (que cualquier día de estos harán un comeback), las colaboraciones con Stephen Sprouse, Yayoi Kusama, Marc Newson, Karl Lagerfeld, Frank Gehry, Rei Kawakubo, Jeff Koons, algunos de los vestidos más representativos de Jacobs y Ghèsquiere, prendas del diseñador de hombre Kim Jones… la diferencia con las obras de arte que estos artistas exponen en otros museos, es que lo que existe en la Galería Louis Vuitton es arte que, si somos muy afortunados, podemos usar todos los días.

 

Los baúles y órdenes especiales están disponibles bajo pedido en todas las boutiques Louis Vuitton. Para conocer más acerca de mi visita por Asnières, lee la revista Quien de esta quincena. 

Juan Pablo Jim

Fashion enthusiast and heavy drinker. Creative director at estoespurpura.com

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